Una de las cosas que vengo aprendiendo desde hace tiempo es a tener control, pero no el mismo tipo de control que tenía antes, ese que hacía que supiera donde estaba todo y todos en cada momento, o lo que había que hacer ahora, más tarde, mañana y la semana que viene, esos controles remotos los tiré al río hace rato, sino a controlarme en las diferentes situaciones que se me presentan.
Ayer volví a vivir una experiencia, de las que a mi entender (por lo que llevo vivido) debe necesitar más autocontrol: entrar a un resonador magnético.
La primera vez que visité uno, allá hace como un año y pico atrás, jamás me lo había imaginado como una posibilidad que podía llegar a vivir YO, no era más que una foto en una revista o un par de segundos en algún documental que había visto, y sin embargo, un día de golpe me dijeron que debía enfrentarme a uno.
Recuerdo ese día como si fuera hoy, mi primera impresión fue que me metían en un "tubular", una sensación espantosa, encima no había plan B, no se podía elegir otra opción, y entrar totalmente anestesiado tampoco era una chance. Algunas personas (obviamente con las mejores intenciones) además, habían reforzado mi idea de que era un lugar horroroso, que te sentías totalmente asfixiado, etc., etc., así y todo no quedaba otra: lo encaré. No fue TAN ESPANTOSO. Se soportó.
Cada visita al aparato, genera dos millones de emociones, que por supuesto no comienzan el día del estudio sino mucho antes, y no terminan hasta que el médico te traduce lo que dice el informe y te indica como vamos a seguir, aunque por supuesto vos el informe lo lees apenas llega a tus manos aunque sea para entender algo y deseando que las palabras nefastas no se hayan dado cita en aquella hojita. Los nervios de saber si todo sigue bien como la última vez que nos encontramos, las ganas de preguntar si ven algo "distinto" y la certeza de saber, que el camino no es por ahí. Hay que aprender a manejar la ansiedad y tratar de sentirse lo más seguro y positivo posible.
Ayer, creo que fue mi quinta visitar al resonador. Mi autocontrol mejoró, al punto de que una vez que estaba totalmente sujetada, como lo necesita el estudio, con los oídos cubiertos por unos protectores grandotes y entré en el aparato, cerré los ojos y aquel concierto de ruidos comenzó.
En vez de pensar cuánto tiempo faltaría para salir de allí, cambié la estrategia: respiré tranquila, me transporté, me imaginé que estaba en un concierto de esos que son super íntimos, en los que incluso muchas veces te dan unos auriculares para usar durante el mismo y el sonido viene por allí, en general creo que son de percusión, si no me equivoco Nico Arnicho hizo alguno el año pasado, y soñé, y volé, y mantuve mi autocontrol, esta vez mejor que nunca.
Antes que lo piensen, no había "fumado" nada antes de entrar, jeje, y les cuento esto, porque ojalá que no, pero si algún día tienen que encontrarse con una cosa de este tipo, tal vez se acuerden de mí y de que todo depende de la actitud con la que lo enfrentemos.
Anoche con sonidos bastante particulares, tuve un Concierto Intimo en RNM, y en algún momento hasta me encontré sonriendo por las mil y una maneras que encuentro para hacer que las cosas sean más llevaderas.
Ahora, toca esperar, la suerte ya está echada, y los deberes vienen siendo hechos.
Translate
viernes, 7 de noviembre de 2014
sábado, 1 de noviembre de 2014
Ser mamá y no morir en el intento
No todas las mujeres soñamos con ser mamá, no para todas es una prioridad o algo a lo que queremos llegar en un punto de nuestras vidas, pero muchas sabemos desde pequeñitas que un día cumpliremos ese sueño.
Hay mucha idealización (a mi entender) de lo que es convertirse en mamá. Las revistas te muestran cosas bonitas, las personas escuchan la frase "voy a ser mamá" e inmediatamente largan un awwwww parecido a un aullido lleno de ternura, como si ser mamá te convirtiera automáticamente en otro ser, en uno diferente al que fuiste hasta ese momento de tu vida.
Y hay algo que es verdad, desde el momento en que nos convertimos en mamás, nuestra vida cambia y para siempre. Uno deja de ser el centro de su universo, para pasar a ser el satélite de la vida de sus hijos, y no digo esto de forma despectiva o con un dejo de tristeza, sino con la certeza de que uno pasa a un segundo plano. El corazón te lo roban tus hijos y eso es para siempre, incluso cuando son grandes y ya se fueron de casa a armar sus propias vidas.
A todas las mamás que conozco (o tal vez a la mayoría, para dejar un margen por las dudas), o al menos a todas las que se animan a decirlo, también las asaltan las incertidumbres, los miedos, las dudas, las confusiones: estaré haciendo esto bien? tiene que dormir solo o tiene que dormir conmigo? lo pongo en penitencia, o es muy chiquito para entender? le enseño hábitos desde pequeñito o ahora no vale la pena porque no entiende?... Creo que todas en algún momento del desarrollo de nuestra maternidad hemos sido atormentadas por estas preguntas, por más seguras de nosotras mismas que seamos, todo este mundo es nuevo.
Para los cientos de preguntas que aparecen, también y como es de esperar, llegan cientos de respuestas, de mamás más "experimentadas", de mamás de otras épocas, de otros "estilos" de mamás, de los diferentes pediatras con sus diferentes libritos, de las que nunca han sido mamás y por supuesto, de la platea masculina también.
No es sencillo atravesar este campo minado de sugerencias, de novedades, de exámenes que empezamos a rendir a diario, y no sentir en el intento, que hubiera sido más fácil ser de esas mujeres que deciden desde el vamos: yo no voy a tener hijos.
En el mismísimo microsegundo, pensás: y si hubiese decidido eso, cuánto me hubiera perdido? Me hubiese perdido la posibilidad de conocer el amor más puro, más grande y más incondicional que un ser humano puede experimentar, y nunca hubiese sido suficiente con que otro te lo contara.
Así, las mamás, comenzamos a andar, y cuando te parece que la cambiada de pañales, el dar la teta, la mamadera, el provechito no van a terminar nunca, entraron al jardín y están haciéndote una coreografía (con la motricidad que les corresponde a su edad) en la fiesta de fin de año!!! Sentís que el corazón se te parte en dos mil pedazos. Pero hay más!
Todavía no terminaste de aprender de memoria (no por falta de interés, sino porque las horas del día tendrían que multiplicarse por tres para que te diera el tiempo para todo) el día que viene el cuaderno viajero, el día que tienen piscina, y el día que hay merienda compartida, cuando de golpe, ya entraron y salieron de la escuela primaria...
Un día, vienen te cuentan que están practicando el Pericón, y te cae la ficha de que están en sexto año, de que en un suspiro más van a ser liceales, que cuando quieras ver, ya no vas a tener que preguntar mil veces al día: te lavaste los dientes? hicieste los deberes? te llevás un abrigo?
Si te toca la bolilla marcada (y ojalá que no), de un día para otro, llega una enfermedad devastadora y vos, antes que pensar en vos, pensás Gracias a Dios que fue a mí y no a ellas!!! y te preocupás y te morís de dolor y de culpa, al pensar que van a tener que enfrentarse a esto siendo tan chicas... Y ahí ves, tu trabajo de hormiga de tantos años: son maduras, solidarias, te apoyan y se apoyan entre sí, cada una a su manera, tira del carro siempre hacia adelante, y tenés la certeza de que juntas van a salir de eso. Y se sale, y te desborda el orgullo. Y la vida sigue...
De repente, ves que sus hábitos cambian, que están en la luna, y no es la adolescencia, ni la pre adolescencia, ni que tengan algún malestar físico: es que se enamoraron. Y vos, que ya fuiste y viniste, fuiste y viniste, fuiste y viniste (al decir de una de ellas: mamá, nunca entiendo que querés decir con esa frase), querrías evitarle todos los dolores del mundo, y sobre todo, los del corazón; pero sabés que no podés. Cada uno tiene que hacer su camino, y esto te demuestra cuán grandes están...
Y te emocionás, una y mil veces. Y en unos pocos minutos te quedás con la mirada perdida y como si fuera una película en cámara rápida, ves pasar las fotos de cuando les hiciste su primera torta, cuando les enseñaste a caminar, cuando festejaste que aprendieran a hacer pis, el día que llamaste a toda la familia para contarles que se había caído su primer diente, el primer golpe serio que hace que casi te de un infarto, pero claro, el infarto tendría que esperar a otro momento porque PRIMERO, si, siempre PRIMERO, están ellos.
Te morís de amor, al recordar también las veces que los pusiste en penitencia, sentaditos a pensar cuando eran chiquitos, explicándoles las cosas que habían hecho mal cuando eran un poquito más grandes, dejándolos sin compu, sin celu o sin salidas dependiendo del caso, las veces que las penitencias te dolieron más a vos que a ellos, pero sabías que no podías aflojar, porque los límites no solo son necesarios, sino que son una de las mayores demostraciones de cariño que los padres pueden darles a sus hijos.
Te das cuenta, que cuando están en tu casa, ésta está llena de bullicio, de cosas regadas por todos lados, de desorden o de orden a medias, pero cuando no están, el silencio parece que se multiplicara por mil, todo ese tiempo que deseabas tener "para vos" a veces parece hasta demasiado y extrañás TODO, inclusive rezongar un poco.
Muchas veces, los hijos no nos entienden, les parecemos pesados, imbancables, rezongones, etc. etc., porque están ahí, en el papel de hijos. Cuántas de nosotras, al empezar a desarrollar el rol de mamá, pensamos (aunque no lo hayamos dicho en voz alta), que razón tenían mis padres!!!
Tal vez un día, a ustedes también les pase y piensen, al final, no era la más mala!
Mientras tanto, quería contarles esto. Ser mamá y no morir en el intento, no es tarea fácil. Mucho menos cuando solo hay una mamá el cien por ciento del tiempo. No es sencillo dar el ejemplo, corregir, tratar de no repetir lo que no nos gusta, no equivocarnos, y en todos y cada uno de estos actos dar y demostrar amor.
Hoy que no están, y aunque sea solo por un rato, las extraño como si hiciera mil años que no las veo.
Hoy soy una agradecida por tenerlas, por ser y haber sido: cocinera, limpiadora, profesora de manualidades, peluquera, consejera, sicóloga, médica, maestra, rescatista y un sin fin de profesiones más que uno no tiene ni la menor idea que lleva adentro, y sin embargo ante la necesidad, las desarrolla sin problemas.
Hoy están más grandes, los límites son otros, pero el amor es el de siempre.
Hoy sé que una de ustedes, no va a leer todo esto y que la otra, con seguridad si, y además le va a hacer "el resumen" de lo que dice a su hermana, y las dos dirán: ay mamáaaaaaa!!!
Hoy estoy segura de que elegí la mejor profesión del mundo: ser su mamá.
Hay mucha idealización (a mi entender) de lo que es convertirse en mamá. Las revistas te muestran cosas bonitas, las personas escuchan la frase "voy a ser mamá" e inmediatamente largan un awwwww parecido a un aullido lleno de ternura, como si ser mamá te convirtiera automáticamente en otro ser, en uno diferente al que fuiste hasta ese momento de tu vida.
Y hay algo que es verdad, desde el momento en que nos convertimos en mamás, nuestra vida cambia y para siempre. Uno deja de ser el centro de su universo, para pasar a ser el satélite de la vida de sus hijos, y no digo esto de forma despectiva o con un dejo de tristeza, sino con la certeza de que uno pasa a un segundo plano. El corazón te lo roban tus hijos y eso es para siempre, incluso cuando son grandes y ya se fueron de casa a armar sus propias vidas.
A todas las mamás que conozco (o tal vez a la mayoría, para dejar un margen por las dudas), o al menos a todas las que se animan a decirlo, también las asaltan las incertidumbres, los miedos, las dudas, las confusiones: estaré haciendo esto bien? tiene que dormir solo o tiene que dormir conmigo? lo pongo en penitencia, o es muy chiquito para entender? le enseño hábitos desde pequeñito o ahora no vale la pena porque no entiende?... Creo que todas en algún momento del desarrollo de nuestra maternidad hemos sido atormentadas por estas preguntas, por más seguras de nosotras mismas que seamos, todo este mundo es nuevo.
Para los cientos de preguntas que aparecen, también y como es de esperar, llegan cientos de respuestas, de mamás más "experimentadas", de mamás de otras épocas, de otros "estilos" de mamás, de los diferentes pediatras con sus diferentes libritos, de las que nunca han sido mamás y por supuesto, de la platea masculina también.
No es sencillo atravesar este campo minado de sugerencias, de novedades, de exámenes que empezamos a rendir a diario, y no sentir en el intento, que hubiera sido más fácil ser de esas mujeres que deciden desde el vamos: yo no voy a tener hijos.
En el mismísimo microsegundo, pensás: y si hubiese decidido eso, cuánto me hubiera perdido? Me hubiese perdido la posibilidad de conocer el amor más puro, más grande y más incondicional que un ser humano puede experimentar, y nunca hubiese sido suficiente con que otro te lo contara.
Así, las mamás, comenzamos a andar, y cuando te parece que la cambiada de pañales, el dar la teta, la mamadera, el provechito no van a terminar nunca, entraron al jardín y están haciéndote una coreografía (con la motricidad que les corresponde a su edad) en la fiesta de fin de año!!! Sentís que el corazón se te parte en dos mil pedazos. Pero hay más!
Todavía no terminaste de aprender de memoria (no por falta de interés, sino porque las horas del día tendrían que multiplicarse por tres para que te diera el tiempo para todo) el día que viene el cuaderno viajero, el día que tienen piscina, y el día que hay merienda compartida, cuando de golpe, ya entraron y salieron de la escuela primaria...
Un día, vienen te cuentan que están practicando el Pericón, y te cae la ficha de que están en sexto año, de que en un suspiro más van a ser liceales, que cuando quieras ver, ya no vas a tener que preguntar mil veces al día: te lavaste los dientes? hicieste los deberes? te llevás un abrigo?
Si te toca la bolilla marcada (y ojalá que no), de un día para otro, llega una enfermedad devastadora y vos, antes que pensar en vos, pensás Gracias a Dios que fue a mí y no a ellas!!! y te preocupás y te morís de dolor y de culpa, al pensar que van a tener que enfrentarse a esto siendo tan chicas... Y ahí ves, tu trabajo de hormiga de tantos años: son maduras, solidarias, te apoyan y se apoyan entre sí, cada una a su manera, tira del carro siempre hacia adelante, y tenés la certeza de que juntas van a salir de eso. Y se sale, y te desborda el orgullo. Y la vida sigue...
De repente, ves que sus hábitos cambian, que están en la luna, y no es la adolescencia, ni la pre adolescencia, ni que tengan algún malestar físico: es que se enamoraron. Y vos, que ya fuiste y viniste, fuiste y viniste, fuiste y viniste (al decir de una de ellas: mamá, nunca entiendo que querés decir con esa frase), querrías evitarle todos los dolores del mundo, y sobre todo, los del corazón; pero sabés que no podés. Cada uno tiene que hacer su camino, y esto te demuestra cuán grandes están...
Y te emocionás, una y mil veces. Y en unos pocos minutos te quedás con la mirada perdida y como si fuera una película en cámara rápida, ves pasar las fotos de cuando les hiciste su primera torta, cuando les enseñaste a caminar, cuando festejaste que aprendieran a hacer pis, el día que llamaste a toda la familia para contarles que se había caído su primer diente, el primer golpe serio que hace que casi te de un infarto, pero claro, el infarto tendría que esperar a otro momento porque PRIMERO, si, siempre PRIMERO, están ellos.
Te morís de amor, al recordar también las veces que los pusiste en penitencia, sentaditos a pensar cuando eran chiquitos, explicándoles las cosas que habían hecho mal cuando eran un poquito más grandes, dejándolos sin compu, sin celu o sin salidas dependiendo del caso, las veces que las penitencias te dolieron más a vos que a ellos, pero sabías que no podías aflojar, porque los límites no solo son necesarios, sino que son una de las mayores demostraciones de cariño que los padres pueden darles a sus hijos.
Te das cuenta, que cuando están en tu casa, ésta está llena de bullicio, de cosas regadas por todos lados, de desorden o de orden a medias, pero cuando no están, el silencio parece que se multiplicara por mil, todo ese tiempo que deseabas tener "para vos" a veces parece hasta demasiado y extrañás TODO, inclusive rezongar un poco.
Muchas veces, los hijos no nos entienden, les parecemos pesados, imbancables, rezongones, etc. etc., porque están ahí, en el papel de hijos. Cuántas de nosotras, al empezar a desarrollar el rol de mamá, pensamos (aunque no lo hayamos dicho en voz alta), que razón tenían mis padres!!!
Tal vez un día, a ustedes también les pase y piensen, al final, no era la más mala!
Mientras tanto, quería contarles esto. Ser mamá y no morir en el intento, no es tarea fácil. Mucho menos cuando solo hay una mamá el cien por ciento del tiempo. No es sencillo dar el ejemplo, corregir, tratar de no repetir lo que no nos gusta, no equivocarnos, y en todos y cada uno de estos actos dar y demostrar amor.
Hoy que no están, y aunque sea solo por un rato, las extraño como si hiciera mil años que no las veo.
Hoy soy una agradecida por tenerlas, por ser y haber sido: cocinera, limpiadora, profesora de manualidades, peluquera, consejera, sicóloga, médica, maestra, rescatista y un sin fin de profesiones más que uno no tiene ni la menor idea que lleva adentro, y sin embargo ante la necesidad, las desarrolla sin problemas.
Hoy están más grandes, los límites son otros, pero el amor es el de siempre.
Hoy sé que una de ustedes, no va a leer todo esto y que la otra, con seguridad si, y además le va a hacer "el resumen" de lo que dice a su hermana, y las dos dirán: ay mamáaaaaaa!!!
Hoy estoy segura de que elegí la mejor profesión del mundo: ser su mamá.
lunes, 20 de octubre de 2014
Finde deshidratado :)
Quería escribir algo sobre lo que viví este fin de semana.
Como pasa algunas veces, fue un finde muy "social", muchos lugares donde asistir, muchas ganas de compartir esos momentos, dejando de lado el cansancio y algún que otro dolorcito, y aprontándome a vivir emociones intensas que sabía me llenarían los ojos de lágrimas.
Creo que culturalmente, las madres sabemos, que cuando lleguen los quince años de nuestras hijas, vamos a vivir un momento especial. Sí, lo sé, es una imposición cultural, pero lo siento así y sé que muchas de mis amigas también. Será por eso, que cada vez que veo entrar una quinceañera en su fiesta, y miro a sus padres recibiéndola, o veo que alguno de ellos ya no está, o veo a una madre guerrera, orgullosa y parada estoica con una sonrisa que era capaz de iluminar todo el salón por si sola, una mujer que fue capaz de sortear las adversidades que le ha puesto la vida y que siguió adelante con sus cicatrices como trofeo de guerra, inevitablemente pienso en cuando me toque vivir ese momento y las lágrimas se escapan solas, sin pedir permiso y sin tener en cuenta si alguien está mirando, eso lo viví el viernes.
El sábado, ocurriría una vez más, lo que yo llamo una "Reunión de Brujas". Desde épocas inmemoriales (con seguridad), cuando las mujeres se juntan, pasan cosas mágicas y el aire del lugar se llena de una energía super especial. Porque si es cierto que una mujer lo puede casi todo (por dejar un margen), cuando se junta con otras ese poder se multiplica y pueden pasar hasta cosas milagrosas. Esas reuniones, que pueden ser de amigas, de compañeras, de hermanas o de perfectas desconocidas, terminan convirtiéndose en un encuentro: eso fue lo que pasó el sábado.
Cientos de mujeres, unidas por una causa, poniendo la voluntad y las ganas por encima de cualquier obstáculo que se presentara, dándose unas a otras, abrazos, sonrisas, ánimo, caricias y besos que salían del fondo del alma. Conteniéndose, madres, hermanas, amigas, una comunión que surge casi espontáneamente y para la que no es necesario otra cosa que sentirse parte.
Las lágrimas también inundaban las mejillas: pero no era tristeza, era emoción, era reconocimiento a la lucha, de las que siguen luchando, de las que dejaron todo en la lucha.
Una vez más una lección de vida, esta vez teñida de rosado.
Las lágrimas siguieron apareciendo, esta vez con la noticia de que otra guerrera, estaba saliendo de una situación límite. Con uñas y dientes se había aferrado a la vida, su clan, la había llenado de energía, de rezos, de oraciones, de amor, y eso llegó, y eso hace que uno vuelva a creer, una vez más, en que los milagros existen.
El final del finde, fue con la celebración de la vida de un niño que también le ganó la pulseada a la adversidad. Esos ojitos llenos de ternura, esa sonrisa que hace que todo el resto de las cosas pasen a segundo plano, llenaban de luz la casa familiar repleta de amigos que celebrábamos la vida, la unión, la amistad y el amor una vez más. Mis lágrimas no faltaron a la cita...
Dos cosas puedo concluir de este finde tan deshidratado: cada día estoy más sensible y llorona, y la otra y seguramente la más importante: ojalá no esperemos que nos toque una situación límite para valorar la vida.
Vivi ♥
Como pasa algunas veces, fue un finde muy "social", muchos lugares donde asistir, muchas ganas de compartir esos momentos, dejando de lado el cansancio y algún que otro dolorcito, y aprontándome a vivir emociones intensas que sabía me llenarían los ojos de lágrimas.
Creo que culturalmente, las madres sabemos, que cuando lleguen los quince años de nuestras hijas, vamos a vivir un momento especial. Sí, lo sé, es una imposición cultural, pero lo siento así y sé que muchas de mis amigas también. Será por eso, que cada vez que veo entrar una quinceañera en su fiesta, y miro a sus padres recibiéndola, o veo que alguno de ellos ya no está, o veo a una madre guerrera, orgullosa y parada estoica con una sonrisa que era capaz de iluminar todo el salón por si sola, una mujer que fue capaz de sortear las adversidades que le ha puesto la vida y que siguió adelante con sus cicatrices como trofeo de guerra, inevitablemente pienso en cuando me toque vivir ese momento y las lágrimas se escapan solas, sin pedir permiso y sin tener en cuenta si alguien está mirando, eso lo viví el viernes.
El sábado, ocurriría una vez más, lo que yo llamo una "Reunión de Brujas". Desde épocas inmemoriales (con seguridad), cuando las mujeres se juntan, pasan cosas mágicas y el aire del lugar se llena de una energía super especial. Porque si es cierto que una mujer lo puede casi todo (por dejar un margen), cuando se junta con otras ese poder se multiplica y pueden pasar hasta cosas milagrosas. Esas reuniones, que pueden ser de amigas, de compañeras, de hermanas o de perfectas desconocidas, terminan convirtiéndose en un encuentro: eso fue lo que pasó el sábado.
Cientos de mujeres, unidas por una causa, poniendo la voluntad y las ganas por encima de cualquier obstáculo que se presentara, dándose unas a otras, abrazos, sonrisas, ánimo, caricias y besos que salían del fondo del alma. Conteniéndose, madres, hermanas, amigas, una comunión que surge casi espontáneamente y para la que no es necesario otra cosa que sentirse parte.
Las lágrimas también inundaban las mejillas: pero no era tristeza, era emoción, era reconocimiento a la lucha, de las que siguen luchando, de las que dejaron todo en la lucha.
Una vez más una lección de vida, esta vez teñida de rosado.
Las lágrimas siguieron apareciendo, esta vez con la noticia de que otra guerrera, estaba saliendo de una situación límite. Con uñas y dientes se había aferrado a la vida, su clan, la había llenado de energía, de rezos, de oraciones, de amor, y eso llegó, y eso hace que uno vuelva a creer, una vez más, en que los milagros existen.
El final del finde, fue con la celebración de la vida de un niño que también le ganó la pulseada a la adversidad. Esos ojitos llenos de ternura, esa sonrisa que hace que todo el resto de las cosas pasen a segundo plano, llenaban de luz la casa familiar repleta de amigos que celebrábamos la vida, la unión, la amistad y el amor una vez más. Mis lágrimas no faltaron a la cita...
Dos cosas puedo concluir de este finde tan deshidratado: cada día estoy más sensible y llorona, y la otra y seguramente la más importante: ojalá no esperemos que nos toque una situación límite para valorar la vida.
Vivi ♥
domingo, 5 de octubre de 2014
Todo por nuestros hijos ♥
El día en que me diagnosticaron, ya lo conté pero lo voy a volver a decir, lo primero que agradecí fue que la enfermedad me hubiera elegido a mi y no a mis hijas.
No es una frase hecha eso de que uno hace TODO por los hijos y que cambiaría de lugar las veces y en las circunstancias que fuera necesario para que ellos no sufrieran.
Porque no hay dolor más grande del que nos estruja el corazón cuando algo le sucede a un hijo y no tenemos en nuestras manos el poder de resolverlo y devolverles el bienestar. Porque no hay amor más grande que el que sienten los padres por sus hijos ni amor más incondicional y más infinito.
Verlos cuando son bebés con un simple resfrío ya nos deja el alma en vilo, imagínense cualquier cosa que sea mayor que eso, ni que hablar de casos extremos.
Es por esa razón, que siempre que veo que un niño necesita ayuda por un problema de salud, lo primero que me viene a la cabeza, es cómo estará el corazón de esos padres que no pueden proporcionarle lo que su niño necesita, y muchas veces lamentablemente, ni siquiera es una cuestión de dinero.
He visto a hermanas de la vida, amigas del alma, pasar cosas con sus hijos de esas que uno no quiere siquiera imaginar, las he visto volver a sonreír a pesar de haber pasado por esos momentos que ninguno de nosotros querría que un hijo atravesara, sé que su sonrisa en el fondo sigue teñida por aquel dolor, porque todo lo que le pase a nuestros hijos, nos modifica el alma y el corazón para siempre.
Hoy la vida me mostró otro cachetazo: otra vez esa situación que si tuviéramos chance cambiaríamos así tuviéramos que entregarle nuestra alma al diablo. Hoy tuve que decirle a otra hermana de mi vida, de esas con las que hemos sabido compartir todo desde hace varias décadas, que no hay explicación para las cosas que suceden, que lo único que creo que sirve en estos casos es tener FE, ser lo más positivos que podamos, llenar a ese niño de amor y contarle que todos estamos esperándolo.
Hoy les pido a todos, a los que tienen Fe en Dios, a los que creen en la energía, a los que creen en la magia, en la vida, en el poder del amor, que pidan por Mati. A vos Padre Pío, que tantas veces me acompañaste y me mostraste tu presencia mientras estaba andando el camino de la enfermedad (muchas veces con tristeza y desesperación), que lo ilumines, que lo llenes de fuerza, de salud, que cuides a su mamá, a su papá, a sus hermanitos, sobre todo al que está en la panza, que redobles en ellos la Fuerza y la Fe.
Confío en que pronto todo estará bien, y la visita que te debo, te la vamos a hacer juntas.
Te amo amiga ♥
No es una frase hecha eso de que uno hace TODO por los hijos y que cambiaría de lugar las veces y en las circunstancias que fuera necesario para que ellos no sufrieran.
Porque no hay dolor más grande del que nos estruja el corazón cuando algo le sucede a un hijo y no tenemos en nuestras manos el poder de resolverlo y devolverles el bienestar. Porque no hay amor más grande que el que sienten los padres por sus hijos ni amor más incondicional y más infinito.
Verlos cuando son bebés con un simple resfrío ya nos deja el alma en vilo, imagínense cualquier cosa que sea mayor que eso, ni que hablar de casos extremos.
Es por esa razón, que siempre que veo que un niño necesita ayuda por un problema de salud, lo primero que me viene a la cabeza, es cómo estará el corazón de esos padres que no pueden proporcionarle lo que su niño necesita, y muchas veces lamentablemente, ni siquiera es una cuestión de dinero.
He visto a hermanas de la vida, amigas del alma, pasar cosas con sus hijos de esas que uno no quiere siquiera imaginar, las he visto volver a sonreír a pesar de haber pasado por esos momentos que ninguno de nosotros querría que un hijo atravesara, sé que su sonrisa en el fondo sigue teñida por aquel dolor, porque todo lo que le pase a nuestros hijos, nos modifica el alma y el corazón para siempre.
Hoy la vida me mostró otro cachetazo: otra vez esa situación que si tuviéramos chance cambiaríamos así tuviéramos que entregarle nuestra alma al diablo. Hoy tuve que decirle a otra hermana de mi vida, de esas con las que hemos sabido compartir todo desde hace varias décadas, que no hay explicación para las cosas que suceden, que lo único que creo que sirve en estos casos es tener FE, ser lo más positivos que podamos, llenar a ese niño de amor y contarle que todos estamos esperándolo.
Hoy les pido a todos, a los que tienen Fe en Dios, a los que creen en la energía, a los que creen en la magia, en la vida, en el poder del amor, que pidan por Mati. A vos Padre Pío, que tantas veces me acompañaste y me mostraste tu presencia mientras estaba andando el camino de la enfermedad (muchas veces con tristeza y desesperación), que lo ilumines, que lo llenes de fuerza, de salud, que cuides a su mamá, a su papá, a sus hermanitos, sobre todo al que está en la panza, que redobles en ellos la Fuerza y la Fe.
Confío en que pronto todo estará bien, y la visita que te debo, te la vamos a hacer juntas.
Te amo amiga ♥
viernes, 3 de octubre de 2014
Valorar
Acabo de venir de un lugar, donde te cobran hasta para entrar a un baño! Así como lo leen, y no crean que pagando entran a un baño que parece un spa, está bastante lejos de eso.
Acabo de venir de un lugar, donde para acceder a cualquier museo, ruina, obra de arte, te cobran y no son dos pesos ni es "a voluntad"; de la misma forma que pasa en la mayoría de los países del mundo: uno debe pagar para ingresar a los museos. Pues eso en nuestro país no pasa.
Aquí, la mayoría de los museos (y no digo todos, porque seguramente me falta por conocer unos cuantos) son gratuitos y sin embargo la mayoría de la gente ni lo aprovecha ni lo valora.
Como por si eso fuera poco, el fin de semana del patrimonio, se abren las puertas de lugares que habitualmente no tenemos la posibilidad de conocer, y sin embargo sigue habiendo mucha gente que se queja porque tiene que hacer una cola para poder ingresar.
Tal vez parece utópico, pero que bueno sería si fuéramos capaces de valorar lo que tenemos no? Porque nadie dice que no haya cosas para mejorar, para arreglar, para hacer, pero por eso tenemos que dejar de ver lo que ya está? lo que está bien? yo creo que no...
En este bendito país, tenemos lugares increíbles: plazas, parques, casas antiguas, museos, obras de arte, lugares con historia, llenos de cultura y de vivencias, y cuántos de nosotros hacemos usufructo de ellos? Cuantos disfrutamos de ir o de llevar a nuestros hijos, sobrinos, amigos, a esos lugares tan maravillosos, que además de todo, SON GRATUITOS, como no lo son en ningú lugar del mundo?
Como todo, muchas veces los seres humanos necesitamos perder lo que tenemos para luego valorarlo, muchas veces los seres humanos, preferimos ver la mitad vacía de la botella en vez de la llena, muchas veces es más fácil criticar que hacer o que darle el mérito al que hizo.
Este fin de semana, podés salir, pasear, ver, conocer, y lo podés seguir haciendo el resto del año en un montón de lugares, pero sobre todo, no te olvides de VALORAR, todo lo que tenemos en este bendito país.
Vivi
Acabo de venir de un lugar, donde para acceder a cualquier museo, ruina, obra de arte, te cobran y no son dos pesos ni es "a voluntad"; de la misma forma que pasa en la mayoría de los países del mundo: uno debe pagar para ingresar a los museos. Pues eso en nuestro país no pasa.
Aquí, la mayoría de los museos (y no digo todos, porque seguramente me falta por conocer unos cuantos) son gratuitos y sin embargo la mayoría de la gente ni lo aprovecha ni lo valora.
Como por si eso fuera poco, el fin de semana del patrimonio, se abren las puertas de lugares que habitualmente no tenemos la posibilidad de conocer, y sin embargo sigue habiendo mucha gente que se queja porque tiene que hacer una cola para poder ingresar.
Tal vez parece utópico, pero que bueno sería si fuéramos capaces de valorar lo que tenemos no? Porque nadie dice que no haya cosas para mejorar, para arreglar, para hacer, pero por eso tenemos que dejar de ver lo que ya está? lo que está bien? yo creo que no...
En este bendito país, tenemos lugares increíbles: plazas, parques, casas antiguas, museos, obras de arte, lugares con historia, llenos de cultura y de vivencias, y cuántos de nosotros hacemos usufructo de ellos? Cuantos disfrutamos de ir o de llevar a nuestros hijos, sobrinos, amigos, a esos lugares tan maravillosos, que además de todo, SON GRATUITOS, como no lo son en ningú lugar del mundo?
Como todo, muchas veces los seres humanos necesitamos perder lo que tenemos para luego valorarlo, muchas veces los seres humanos, preferimos ver la mitad vacía de la botella en vez de la llena, muchas veces es más fácil criticar que hacer o que darle el mérito al que hizo.
Este fin de semana, podés salir, pasear, ver, conocer, y lo podés seguir haciendo el resto del año en un montón de lugares, pero sobre todo, no te olvides de VALORAR, todo lo que tenemos en este bendito país.
Vivi
miércoles, 1 de octubre de 2014
Todos los días es época de elecciones
Estamos en época de elecciones, estamos bombardeados por todos lados: jingles, gráfica, radio, televisión, hasta cuando abrimos páginas de internet que no son de nuestro país, vemos publicidades políticas!
Hay un par de cosas que me gustaría decir al respecto. Sea cual sea tu inclinación política, no te quedes afuera. Vivimos en una democracia y tenemos el derecho de elegir a nuestros representantes, hagamos uso de ese derecho! Atrás quedaron, no por suerte sino por lucha, los tiempos oscuros donde las cosas nos eran impuestas y no podíamos no solo no abrir la boca, sino que hasta nos estaba "prohibido" pensar distinto, entonces, cuidemos y defendamos la democracia. Darle un voto a las ideas que más se corresponden con las tuyas, a esa persona que crees que te representa o a ninguna si es que no te sentís representado, es tu manera de hacerte escuchar.
Por fuera de las elecciones políticas, no te olvides, que TODOS LOS DIAS son días de elecciones: vos tenés en tus manos elegir!
Elegir como vivir, con quien, a quien querés escuchar, a quien no, con quien querés vincularte y a quien querés tener bien lejos. Elegir para tu vida lo que te hace bien, sean momentos, personas, trabajos, sentimientos.
Elegir es un derecho que tenemos todos y que muchas veces nos olvidamos de poner en práctica. Cuando te quejás por estar viviendo tal o cual situación, te ponés a pensar que en tus manos tenés el poder de elegir que sea diferente?
Si, sé que muchas veces, se nos presentan situaciones en la vida que no elegimos, y estate tranquilo que lo sé de sobra, pero aún así, tenés el poder de elegir cual va a ser tu actitud frente a esa situación que se te presenta.
Nadie puede elegir por ti, o por lo menos nadie debería hacerlo. Tomar tal o cual elección, solo depende de donde quieras llegar, cómo y con quién. Está claro que no todas las elecciones son fáciles y que corremos riesgos cada vez que tomamos una, pero es la única forma que tenemos de trabajar para vivir como queremos.
Así que sea una elección política, una elección laboral, una elección emocional, no dejes que otros elijan por ti.
Celebro a las personas que se la juegan eligiendo y que respetan las elecciones de los demás.
Vivi
Hay un par de cosas que me gustaría decir al respecto. Sea cual sea tu inclinación política, no te quedes afuera. Vivimos en una democracia y tenemos el derecho de elegir a nuestros representantes, hagamos uso de ese derecho! Atrás quedaron, no por suerte sino por lucha, los tiempos oscuros donde las cosas nos eran impuestas y no podíamos no solo no abrir la boca, sino que hasta nos estaba "prohibido" pensar distinto, entonces, cuidemos y defendamos la democracia. Darle un voto a las ideas que más se corresponden con las tuyas, a esa persona que crees que te representa o a ninguna si es que no te sentís representado, es tu manera de hacerte escuchar.
Por fuera de las elecciones políticas, no te olvides, que TODOS LOS DIAS son días de elecciones: vos tenés en tus manos elegir!
Elegir como vivir, con quien, a quien querés escuchar, a quien no, con quien querés vincularte y a quien querés tener bien lejos. Elegir para tu vida lo que te hace bien, sean momentos, personas, trabajos, sentimientos.
Elegir es un derecho que tenemos todos y que muchas veces nos olvidamos de poner en práctica. Cuando te quejás por estar viviendo tal o cual situación, te ponés a pensar que en tus manos tenés el poder de elegir que sea diferente?
Si, sé que muchas veces, se nos presentan situaciones en la vida que no elegimos, y estate tranquilo que lo sé de sobra, pero aún así, tenés el poder de elegir cual va a ser tu actitud frente a esa situación que se te presenta.
Nadie puede elegir por ti, o por lo menos nadie debería hacerlo. Tomar tal o cual elección, solo depende de donde quieras llegar, cómo y con quién. Está claro que no todas las elecciones son fáciles y que corremos riesgos cada vez que tomamos una, pero es la única forma que tenemos de trabajar para vivir como queremos.
Así que sea una elección política, una elección laboral, una elección emocional, no dejes que otros elijan por ti.
Celebro a las personas que se la juegan eligiendo y que respetan las elecciones de los demás.
Vivi
domingo, 28 de septiembre de 2014
Pasando en limpio
Hace cuestión de un año y medio, mi vida quedó patas para arriba. De golpe, todas las estructuras que había venido construyendo durante años, perdieron estabilidad, muchas de ellas se desmoronaron, otras sufrieron graves fracturas, algunas permanecieron en pie pero no sin sufrir los embates de aquel cataclismo, los controles remotos (poseía unos cuantos) dejaron de funcionar, hubo que empezar de nuevo, más que de cero, como de menos cincuenta...
Tuve algunos minutos, para tratar de reaccionar frente a lo que me estaba pasando, porque fueron eso, minutos. Esos minutos que me di entre que salí de la consulta llorando con una angustia que ahogaba y decidí cómo me iba a enfrentar a esa situación, esos minutos eternos, esos minutos tan valiosos, que me dieron el tiempo necesario para aceptar que iba a hacerle frente como he hecho con todo en la vida: poniendo la cara, el pecho, el corazón y toda mi energía para salir de esa situación.
Como muchos de ustedes se imaginarán, todo el tiempo transcurrido no fue fácil, no era tarea sencilla mantener el espíritu en alto, la energía bien enfocada, cuidar del cuerpo mientras era bombardeado de mil y una formas por dentro y por fuera, pero cada vez que empezaba a ir cuesta abajo, algo que está muy dentro mío me gritaba que no aflojara, que no me rindiera, que se podía un esfuercito más, que había que sacar fuerzas de los lugares más inimaginables, que había que echar mano a los recursos más impensados...
Uno de los recursos que apareció una madrugada donde todo estaba MUY NEGRO, donde los pensamientos que venían a mi mente no eran para nada alentadores, ni positivos, ni auguriosos, fue el recurso de soñar. Me pregunté a mi misma (para no pensar en esas cosas tan horribles que me acechaban), qué le pediría al genio de la lámpara si apareciera delante mío, y casi de inmediato contesté, que si ya estuviera sana (obviamente ese iba a ser mi primer deseo) el deseo siguiente sería visitar un lugar al que toda la vida quise ir: instantáneamente vinieron a mi cabeza dos lugares con los que siempre soñé: Egipto y Machu Picchu.
Fue allí, y casi como un juego para espantar fantasmas que no quería que me rondaran, que me dije: voy a soñar en grande, voy a ponerme una meta, voy a sanarme y ni bien los doctores me habiliten, voy a ir a cumplir un sueño: el destino elegido Machu Picchu, la persona que me iba a acompañar, mi viejo. Ese hombre que me enseñó (junto con mi mamá), que uno tiene que pelear por lo que quiere, que tiene que trabajar para ello, que las condiciones que nos presenta la vida no son excusas para no progresar, para no jugársela por lo que uno quiere, ese hombre que se bancó durante año y pico sillones de quimio, salas de espera de radio, diagnósticos médicos sin anestesia, resultados de los más diversos, ese hombre que había hecho de tripas corazón, iba a ser el elegido para acompañarme a cumplir un nuevo sueño.
Por qué les cuento todo esto? Por la misma razón por la que comencé a escribir este blog hace un año atrás: para contármelo a mi misma, para dejar por escrito, constancia de que se puede, de que muchas veces no es fácil, pero nada se pierde con intentarlo y todo se pierde si uno no lo intenta. Sea en el ámbito de la vida que sea, el primer paso es querer y el segundo trabajar para ello: para sanarse, para cumplir un deseo, para llegar a la meta, para ser feliz y si tal vez no llegáramos al final deseado, seguro habremos disfrutado del viaje.
Hoy después de haber realizado uno de mis sueños, de haber subido y bajado miles de escalones de piedra, de haber tocado y sentido la energía de lugares que están ahí vaya a saber uno desde cuando, de haber cambiado el miedo a que me pudiera pasar algo por la adrenalina que genera el hecho de que nos pasen cosas, estoy convencida no solo de que hay que soñar y salir en busca de lo que queremos, sino que además una de las mejores sorpresas que puede darnos la vida es sacudirnos las estanterías y obligarnos a abrir la cabeza y el corazón para recibir cosas nuevas.
Vivir es crecer, modificarse, reinventarse, ser otro y ser el mismo.
Abrazo y agradezco a la vida, con fuerza, con energía, con Fe.
Sigo estando dispuesta a recibir lo que se venga con los brazos abiertos.
Ojalá haya logrado sembrar, aunque sea en una de las personas que me lee, que vale la pena intentarlo una y otra vez y que decidirse a poner todo para lograr lo que más ansiamos, tal vez sea la mejor decisión que tomemos en nuestra vida.
Vivi
Tuve algunos minutos, para tratar de reaccionar frente a lo que me estaba pasando, porque fueron eso, minutos. Esos minutos que me di entre que salí de la consulta llorando con una angustia que ahogaba y decidí cómo me iba a enfrentar a esa situación, esos minutos eternos, esos minutos tan valiosos, que me dieron el tiempo necesario para aceptar que iba a hacerle frente como he hecho con todo en la vida: poniendo la cara, el pecho, el corazón y toda mi energía para salir de esa situación.
Como muchos de ustedes se imaginarán, todo el tiempo transcurrido no fue fácil, no era tarea sencilla mantener el espíritu en alto, la energía bien enfocada, cuidar del cuerpo mientras era bombardeado de mil y una formas por dentro y por fuera, pero cada vez que empezaba a ir cuesta abajo, algo que está muy dentro mío me gritaba que no aflojara, que no me rindiera, que se podía un esfuercito más, que había que sacar fuerzas de los lugares más inimaginables, que había que echar mano a los recursos más impensados...
Uno de los recursos que apareció una madrugada donde todo estaba MUY NEGRO, donde los pensamientos que venían a mi mente no eran para nada alentadores, ni positivos, ni auguriosos, fue el recurso de soñar. Me pregunté a mi misma (para no pensar en esas cosas tan horribles que me acechaban), qué le pediría al genio de la lámpara si apareciera delante mío, y casi de inmediato contesté, que si ya estuviera sana (obviamente ese iba a ser mi primer deseo) el deseo siguiente sería visitar un lugar al que toda la vida quise ir: instantáneamente vinieron a mi cabeza dos lugares con los que siempre soñé: Egipto y Machu Picchu.
Fue allí, y casi como un juego para espantar fantasmas que no quería que me rondaran, que me dije: voy a soñar en grande, voy a ponerme una meta, voy a sanarme y ni bien los doctores me habiliten, voy a ir a cumplir un sueño: el destino elegido Machu Picchu, la persona que me iba a acompañar, mi viejo. Ese hombre que me enseñó (junto con mi mamá), que uno tiene que pelear por lo que quiere, que tiene que trabajar para ello, que las condiciones que nos presenta la vida no son excusas para no progresar, para no jugársela por lo que uno quiere, ese hombre que se bancó durante año y pico sillones de quimio, salas de espera de radio, diagnósticos médicos sin anestesia, resultados de los más diversos, ese hombre que había hecho de tripas corazón, iba a ser el elegido para acompañarme a cumplir un nuevo sueño.
Por qué les cuento todo esto? Por la misma razón por la que comencé a escribir este blog hace un año atrás: para contármelo a mi misma, para dejar por escrito, constancia de que se puede, de que muchas veces no es fácil, pero nada se pierde con intentarlo y todo se pierde si uno no lo intenta. Sea en el ámbito de la vida que sea, el primer paso es querer y el segundo trabajar para ello: para sanarse, para cumplir un deseo, para llegar a la meta, para ser feliz y si tal vez no llegáramos al final deseado, seguro habremos disfrutado del viaje.
Hoy después de haber realizado uno de mis sueños, de haber subido y bajado miles de escalones de piedra, de haber tocado y sentido la energía de lugares que están ahí vaya a saber uno desde cuando, de haber cambiado el miedo a que me pudiera pasar algo por la adrenalina que genera el hecho de que nos pasen cosas, estoy convencida no solo de que hay que soñar y salir en busca de lo que queremos, sino que además una de las mejores sorpresas que puede darnos la vida es sacudirnos las estanterías y obligarnos a abrir la cabeza y el corazón para recibir cosas nuevas.
Vivir es crecer, modificarse, reinventarse, ser otro y ser el mismo.
Abrazo y agradezco a la vida, con fuerza, con energía, con Fe.
Sigo estando dispuesta a recibir lo que se venga con los brazos abiertos.
Ojalá haya logrado sembrar, aunque sea en una de las personas que me lee, que vale la pena intentarlo una y otra vez y que decidirse a poner todo para lograr lo que más ansiamos, tal vez sea la mejor decisión que tomemos en nuestra vida.
Vivi
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
