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miércoles, 20 de mayo de 2015

Hacer y soltar

Cómo y por donde empezar?

Bueno, tal vez por el principio, aunque algunas veces no nos damos cuenta en el mismo momento, que ese, es el principio.

Muchas veces pienso, en la fuerza que tiene la palabra, que tienen los pensamientos. Son conceptos que me vienen a la mente una y otra vez, y que si tomo unos minutos para apreciarlos con un poquito de distancia, confirmo también, una y otra vez la fuerza arrasadora que tienen, tanto para bien como para mal.

Pero hoy, quiero concentrarme en otra parte: los hechos.

No sé si estoy del todo de acuerdo con aquella vieja frase que dice, lo que vale es la intención, es más, creo que lo que vale, no es la intención sino son los hechos, las cosas que se hacen, pero sobre todo, las que se hacen y se sueltan.

Ahí creo que radica el secreto de que luego esto comience a andar.

Cuando uno hace, porque le nace hacer, porque siente la gratificación de haber dado algo de si mismo, que puede ayudar a otro, sin mirar en ningún momento, y esto dicho poniendo totalmente la mano en el corazón,  si un día ese hecho puede significarnos algún beneficio como reporte.

Son tantos los ejemplos, los casos, donde uno luego, ve a distancia, cómo y cuando fue que ese "motor" comenzó a andar, a funcionar, a generar "efectos rebote", a crear "efectos en cadena", como se comenzó a formar esa "cadena de favores", algunas veces dicha pero muchas otras totalmente en silencio, y mágicamente todo pasa y todo se acomoda.

Y un día, así sin darte cuenta, o tal vez dándote cuenta, de que por más que seas un granito de arena en un médano, sos también una parte del médano, y como todas las partes del médano, sos importante y valioso y podés aportar al bien común, te animás, te ofrecés, te la jugás a pasarte a la vereda de la empatía, ofreces tu ser completo, físico, espiritual, emocional, para ver si a alguien podés hacerle algo un poquito más llevadero.

Y seguramente en ese momento, no lo pensás, aunque lo sabés, que hoy estás de una vereda, pero mañana, o dentro de un rato, podés estar en la otra, y así sucesivamente, porque eso es la vida, y ahí empezás a ver...

Ves como aquel tímido "yo me puedo ofrecer para lo que pueda ser útil", se convierte en una catarata de cosas buenas que te suceden, entre otras que no lo son tanto. Ves como de golpe, tenés un ejército de ángeles, que corren en tu dirección, que te asisten desde con mensajes, con llamados, con invitaciones a mirar el mar, te dan su tiempo, se involucran con tus sentimientos, se ponen a las órdenes para acompañarte a hacer tal o cual cosa, con venir a conversar un rato, se hacen tiempo porque quieren hacérselo, te pasan mensajes de aliento, están ahí, a la hora que sea, el día que sea...

Ves aparecer profesionales, que además de ser excelentes en lo que hacen, son mejores personas aún, no te conocen, no saben quien sos, pero acomodan sus horarios a tu conveniencia, no tienen pereza en contestar una llamada a la hora que sea, no miran costos de dinero ni de tiempo, se cruzan la ciudad de una punta a la otra, con tal de aliviarte el dolor fisico o el del alma, que a veces es mucho más difícil de poder aliviar, te escuchan, te toman en cuenta, te hacen sentir un ser humano querido y contemplado, para ellos no sos solo un número de un sistema: sos una persona.

Ves aparecer amigas, amigos, personas, a los que tal vez en algún momento, vos también les tiraste un lazo, les tendiste la mano en un momento difícil, y soltaste, no esperaste ningún tipo de retribución, pero es eso, la vida vuelve, porque lo que se suelta, vuelve cuando tiene que volver...

Ves otras situaciones también, que duelen, lastiman, porque uno sabe que no debe generarse expectactivas de ningún tipo, pero son muchos años de pensar de la misma forma, y a veces no es tan sencillo no hacerlo, y esas cosas no suceden, quedan ahí, truncas, se van desgastando, se van muriendo... pero tal vez, ese es su destino, nadie lo sabe y si algo hemos venido aprendiendo, es que con la vida se fluye, que esto no es una "lucha", no es una "pulseada", esto es un fluir con los cambios, con lo que necesitamos nuevo en nuestra vida, para que nuestra vida, valga la redundancia, se renueve en plenitud y sea cada día más placentera y saludable..

Ves situaciones que mágicamente se transforman del día a la noche, donde de un borrón, se dejan de lado egos, actitudes egoístas, y pelotudeces grandes como edificios, para poner la magia en otro lado y hacer que todo siga sucediendo, donde se le vuelve a rendir culto a la amistad, a la solidaridad, donde se ve de golpe todo el camino andado en común, y ese es el camino por el que se elige seguir andando.

Ves que hay gente que entiende y gente que no. Ves que hay gente que no entiende ni aún cuando le expliques, cuando además en realidad, lo último que querés en ciertos momentos, es tener que dar explicaciones; porque es así, hay situaciones de vida, que se viven y punto, sin explicaciones, sin vueltas, sin preguntarse por qué, sino más bien viendo para qué.

Ves que a tu alrededor hay muchas personas en tu sintonía, y muchas otras que no. Muchas, tal vez demasiadas a mi modo de ver de este momento, preocupándose por cosas sin sentido, sin importancia, por cosas que de un soplido pueden desaparecer también como por arte de magia...

Ves gente que no crece, que sigue como los caballos, con los tapa ojos a los costados, y la vida les pasa y los golpea y los tira y los maltrata y ellos siguen cuales mastungos entrenados para caminar un único camino, sin ser capaces de ver y experimentar, que el único dueño de su destino y de su felicidad son ellos mismos, y se te sale el corazón del pecho por explicarles, pero es en vano, porque cada quien tiene que hacer su propio camino...

Ves que los milagros, se suceden una y otra vez, y agradecés, y a su vez, también entendés, que el día en el que vos decidiste hacer y soltar, todo comenzó a suceder. Ves que sos parte de esa cadena milagrosa, que gira sin parar, y a la que todos podemos ir aportando nuestro granito de arena, siempre y cuando hagamos y soltemos, porque el bien, lo que está bien hecho, lo que se hace de corazón se hace y se suelta...

jueves, 7 de mayo de 2015

Pum!

Aguantar.
Aguantar.
Aguantar.
Ya va a pasar.
Ya va a pasar.
Ya va a pasar.
Respirá hondo.
Respirá hondo.
Respirá hondo.

No, por el momento no podemos hacer más nada que esto...

Explotando en tres, dos, uno...

... PUM!!!


Eso es lo que sentí ayer.
Eso es lo que puedo haber sentido tantas veces, eso es lo que puedo haber evitado tantas otras.

Soy de las personas que tratan de ver que la botella está totalmente llena: o de líquido o de aire, soy una persona positiva, trato de hacer lo mejor, de dar lo mejor, de hacer sin esperar, no siempre me sale, algunas veces me sale mejor que otras.

No soy la reina del positivismo, he comprendido hace tiempo que es mucho mejor ver la vida desde un lugar que suma, que desde uno que resta, que todo lo ve mal.

Trato de agradecer, de valorar lo que no tengo, de no quejarme por lo que me falta, aunque socialmente estamos adiestrados como entes para hacerlo.

Tengo un carácter fuerte, muchas veces naturalmente me impongo (en una buena). Soy de las que necesita resolver los problemas y las situaciones, en vez de patearlas o esperar que desaparezcan por arte de magia.

Soy escorpiana, característica que al parecer me suma un plus más, nunca terminaré de entender por qué a los ojos de los demás ese plus pareciera no ser tan bueno.

Soy franca y directa, aunque con los años he ido aprendiendo diferentes técnicas, y he entendido que no a todos les podés llegar por el mismo camino.

Creo no ser impaciente ni tener ansiedad, he aprendido a manejar y a aceptar los tiempos, los de los demás, pero también a respetar los míos.

Soy de hacer, hacer, hacer y hacer. Supe tener varios controles remotos en la mano y a pesar de no estar físicamente en el lugar, controlar todo con el mando a distancia.

Aprendí que no es bueno estar en todo, ni hacer de todo, ni saber todo, ni nada que incluya la palabra "todo".

Aprendí a soltar, delegué, pedí.

Muchas de las personas que se sentían "tocadas" por la "nueva yo" que pedía, delegaba y soltaba, comenzaron a sentirse mal.  Su comodidad se veía amenazada, cómo que ya no podía hacer tal o cual cosa?  Pero no lo manifestaban de manera directa, no lo decían con todas las letras, como trato de hacerlo yo.

Hubo algunos intentos por hacer, muchos fueron eso, intentos.

Después comenzaron a llegar las quejas, o el desgano al hacer las cosas, o las ganas de que dijera, ya no lo hagas más, vuelvo a tomar el mando yo.

Ese momento no llegaba, y no llegaba. Mi rol de Mujer Maravilla, al parecer había terminado y era extrañado por varios...

Esperé, confié, di oportunidades, de que las cosas fueran de otra forma.

Porque cuando vos te ofrecés a ayudar, que se supone que hacés?

Porque cuando vos precisás ayuda y la pedís a quién se ofreció para ayudar, qué se supone que pase?

Pues nada, básicamente, el que se ofrece para ayudar, no ayuda en lo que le pedís, el que tiene que hacer cosas básicas que son su responsabilidad tampoco las hace, el que tiene que hacer algo que te involucra a vos directamente, se toma el tiempo del mundo, como si vos pudieras poner la pausa para esperar a que todo se resuelva...

Y así, básicamente, cada uno hace lo que se le canta y vos, osea yo, aguanto, espero que pase, respiro hondo...

Hasta que llega un día, en el que te olvidás de la educación, te olvidás de las oportunidades, te olvidás de que no te gusta levantar el tono, te olvidás de que estás tratando de aprender a fluir con la vida, te olvidás de pensar si el otro puede, quiere, te olvidás de que explotar no va a solucionar nada, y PUM!!! explotás!!!

Sacás todo para afuera, decís, mostrás, llorás, gesticulás, sos vos!!! Sos la versión más auténtica de vos, la que no tiene filtros, la que no pone en la balanza si esto será o no conveniente, la que necesita expresarse a gritos, porque no aguanta más seguir aguantando.

Eso sí, sabés que hay un límite que no se cruza. Porque por más explosión que haya, hay cosas que no deben ser dichas, porque después no hay vuelta atrás. No te exponés, te cuidás.

Tal vez explotar no solucione las cosas, pero una buena sacudida, acomoda los zapallos en el carro, los de tu carro y los de los carros ajenos, esos de los cuales no tenés por qué hacerte responsable vos.

Explotar te llena de sentimientos y te vacía de bronca, de angustia...

Explotar te deshidrata, porque llorás de tristeza, de impotencia, de calentura...

Explotar, no está dentro de mis actividades favoritas, pero la pucha que alivia para seguir andando!!!


Explotar: tómese con moderación. Controle usted mismo, cual es su dosificación adecuada. Puede volverse adictivo, en ese caso abandonar la toma, hasta consultar con un profesional idóneo, ya que en caso contrario puede ser perjudicial para su salud y la de quienes lo rodean.

martes, 5 de mayo de 2015

La Campera de Jean

Un título un poco inusual el de hoy, ya verán más adelante como cierra con lo que quiero escribir.

Ayer, otra amiga, me animaba a seguir escribiendo. Es más, me planteaba la idea de que entre mis amigos, "tiraran" temas sobre los cuales les gustaría leer, o mejor dicho sobre los cuales les gustaría que yo escribiera algo.

Si, lo sé, hay algunas personas que me tienen casi tanta Fe como la que me tengo yo. Es el cariño, que hace que todo se vuelva un poco subjetivo ;) .

Así que en ese plan, ayer me preguntaba si no me animaba a escribir algo acerca del apego, o tal vez, mejor dicho del desapego.

La idea quedó rondando en mi cabeza, como cada vez que se me ocurre algo que puedo llevar a cabo, y que se instala y prende una lucecita, hasta que le doy forma y lo dejo nacer, lo dejo ser.

Horas después leo lo de la campera de jean, famoso artículo que fue a parar al título de este post.

Otra amiga, contaba, que volviendo de viaje, había perdido su campera de jean. Pero no era "cualquier" campear de jean, era "LA" campera de jean. Esa que tiene un valor especial, que es casi parte de su propio físico, la que la acompaña en sus presentaciones, la que seguramente es casi un amuleto, la que, a su propio decir, estaba llena de pelotitas, pero no importaba, porque era "LA" campera de jean.

Al seguir leyendo, veo como dentro de los tantos comentarios, alguien le contesta algo así: quedate tranquila, pensá que tal vez alguien que estaba sintiendo frío la está disfrutando.

Yo, que conozco a mi amiga, que sé del poco valor que le da a las cosas materiales, de la grandeza de espíritu que tiene, que sé que ella da todo lo que puede y un poco más también, sabía que el dolor por la pérdida de su campera, era algo totalmente sentimental, iba mucho más allá de la pérdida del mero artículo de vestir. Yo inmediatamente de leer el comentario al que hago referencia, entendí que esa persona había dado en el blanco y así fue, ella entendió y la vi soltar. Quedó feliz de pensar en esa posibilidad, liberó aquella pérdida.

Este ejemplo de "la campera de jean", me vino como anillo al dedo, espero Ceci, no te enojes :)

Hace algunos años, comencé a practicar el desapego de las cosas materiales, y comencé con la no sencilla tarea de enseñárselo a mis hijas, que en ese momento eran niñas. Cada cierto tiempo, nos dábamos a la tarea de separar, lo que ya no necesitábamos. No era que separábamos lo que no nos servía o lo que estaba viejo, o lo que estaba roto, sino que separábamos lo que no necesitábamos. Ahí, la montaña se volvía muy alta.

Comenzábamos a juntar ropa, juguetes, libros, películas, música, que ya no usábamos; no importaba si eran nuevos, o si los habíamos usado una o dos veces, lo que importaba era entender el concepto de que si había algo que yo no usaba y podía servirle a otro, no había razón alguna para guardarlo como si fuese un trofeo, o guardarlo por la única razón de que era mío, o que me lo había regalado fulano o sultano.

Así comenzamos a aprender y a practicar el desapego material. Costó, era duro regalar cosas que nos habían sido regaladas tal vez por alguien querido que ya no está, o que nos traían tal o cual recuerdo.

Fue bueno entender, que los recuerdos están en nuestro corazón, allí donde viven nuestras vivencias, y que si somos capaces de soltar, no necesitamos de un objeto material que nos haga de ancla a ese recuerdo.

Fue emocionante ver, la primera vez que nos deshicimos de un montón de cosas, las caritas de los niños del lugar donde hicimos la donación.  Ver sus ojitos brillar porque habían recibido juguetes "nuevos" (aunque tal vez para nosotros fueran viejos), ropa calentita o fresquita para estar en verano, no se pagaba con el valor material de los mismos, fue bueno sentir que ellos sabían que además de estarle dando las cosas que ya no usábamos, les estábamos dando algo más importante: amor.

El día que comenzamos a practicar el hábito del desapego, comenzamos a tener un corazón un poquito más grande, teníamos menos cosas sí, pero teníamos más espacio para llenarnos más de sentimientos.

Vivimos en una sociedad consumista, no podemos escapar totalmente de eso, a no ser que nos fuéramos a vivir solos en el medio de la nada. Pero podemos elegir, viviendo dentro de esta sociedad, de que manera queremos vivir.

Este mundo, que nos vende el cuento de que para ser felices tenemos que estar cada vez más llenos de cosas materiales, ser cada vez más egoístas, y vivir cada vez más solos, también sigue siendo el mundo donde gente se reúne y pone su tiempo a disposición para ayudar a otros, se enfría en noches de invierno para salir a repartir comida y esperanza a quienes no tienen nada materialmente hablando.

Entender que apegarnos tanto a las cosas como a las personas, lo único que hace es generarnos una falsa idea de seguridad,  es entender que si practicamos el desapego, vivimos más livianos.

Sufrimos menos o por lo menos, sufrimos de otra forma, cuando las personas nos dejan, porque sabemos que lo importante, que lo esencial, está en otro lado y permanece, aunque materialmente esas personas ya no están allí.

Entender que desapegarnos nos hace vivir más libres, es una forma de vivir más felices, de cargar menos en nuestras mochilas, de vivir más en paz con nosotros mismos.

Hace algunos años, comencé a entender, que tenía que liberarme. Que de nada servía guardar las entradas a los conciertos de rock a los que asistí desde que era una adolescente, las cartas de amor, aquella primera rosa que alguien me regaló, y tantos artículos más que creía que servían para recordarme (del latín recordis, volver a pasar por el corazón) esos bellos momentos vividos. Hace algunos años, y con dolor, comencé a desprenderme, a dejar ir, a soltar, y los recuerdos están tan intactos dentro mío, como cuando guardaba todo dentro de una cajita...

Ahora me siento más libre, y ojalá mi amiga que perdió su campera de jean, también haya comenzado a dejar ir cosas de su mochila, y se sienta más liviana.

lunes, 4 de mayo de 2015

Sobre creer...

Alguien me dijo hoy, dale escribí algo, tenés que escribir, está bueno.

Me gusta escribir, me libera, me sirve de terapia, me hace bien. Pero, de que escribir? No sé si quiero escribir sobre más de lo mismo, no quiero escribir sobre cosas que no quiero decir en este momento, ni escribir algo que no tenga contenido, que no me aporte, que no me quite algún kilito o por lo menos gramitos de encima.

Pero como quien busca encuentra, creo que encontré sobre que escribir.

Quiero escribir sobre creer.

Muchos somos los que creemos, y muchos también los que no creen; y tal vez es en estos últimos en quienes quiero hacer incapié.

Podés no creer en Dios, en las religiones como instituciones, en las iglesias, en los Santos, en los Pae, etc., etc., pero seguro, si te fijás bien, aunque tal vez allá lejos, bien en el fondo, seguro crees en algo.

Tal vez crees en vos mismo, que creo yo es la más importante de todas las creencias, porque si uno no se tiene Fe, quién va a tener Fe en uno?

Seguramente, muchas de esas personas que dicen no creer en nada, creen en sí mismos, y ese es un motor que hace que día a día, se levanten y la sigan luchando, aún en las peores circunstancias. Qué bueno sería, que fueran capaces de verlo! Que tuvieran claro y valoraran lo que es creer en uno mismo, y cuan lejos nos puede llevar!

Pero yo no soy de esos que no creen en nada.

Yo creo, y creo en mucho.

Creo en un Dios, que no es el que vemos en los cuadritos que cuelgan de paredes de las Iglesias, que no sé si es omnipotente, ni omnipresente, es más estaría tal vez, tentada a decir que no es ninguna de las dos cosas, porque si lo fuera, muchas cosas de las que pasan, supongo que no pasarían.

Creo en algo o alguien que no me suelta la mano, que me da tranquilidad, aún en los peores momentos.

Creo tal vez en un cúmulo muy grande de energía, o tal vez en algo que esté más a mi nivel y no sea tan grandioso, pero que me muestra día a día, que acá también hay milagros, que pasan cosas buenas totalmente inesperadas, que en lugares donde prácticamente ya no hay esperanza, de golpe la llama se enciende con toda la fuerza.

Creo en algo que tal vez incide en que sucedan cosas que parece que son "casualidades", cuando en realidad son "causalidades", que me muestra señales todo el tiempo, que me hace ver que está conmigo y que yo estoy con él.

Creo en Dios como parte del todo, así como yo soy parte del todo.

Creo en algo que trasciende y que día a día me muestra que de una forma u otra todos terminamos trascendiendo.

Creo en una fuente de energía, que va más allá del espacio y el tiempo tal como nosotros lo entendemos.

Creo en un Dios, que hizo que tenga este espíritu, que se cuestiona, que piensa, que ve, que analiza, que se emociona, que se enoja, que se entristece, que valora, que aprecia, que agradece, y sobre todo, que sigue creyendo.

Creo en las maravillas que veo, en la naturaleza, en los ciclos, en la tierra, en el aire, en el cielo, en el agua que es fuente de vida; pero también creo que en lo que no veo, pero siento.

Creo en la inocencia y en la buena voluntad.

Creo en la actitud, como una de las mayores fuentes de energía de este Universo.

Creo en que cuando muchas personas se juntan con un objetivo común, que les sale desde el corazón y se disponen a trabajar juntas para lograr algo, las montañas más inamovibles, pueden ser movidas.

Creo en algo que me enseñó y me alienta a creer en mí, porque todo es posible, porque nada es determinante, y porque el único sueño incapaz de concretarse, es el que no se sueña.

Yo creo en tantas cosas.

Yo sigo creyendo.

lunes, 27 de abril de 2015

Volver del Infierno...

Este post tiene dos cometidos: el primero y principal, exorcizar; el segundo, como siempre, contarles que se puede!!!

Hace un par de días, estuve en el infierno, si, así como leen, en el infierno.

Sean creyentes o no, hay infiernos aquí mismito, en la tierra, y están más cerca de nosotros de lo que creemos.

Muchas veces, entramos en ellos sin saber, sin invitación previa, cuando queremos ver, ya estamos dentro.

Hace unos días, tuve que hacerme un estudio (no importa cual), el punto es que algo que era supuestamente rápido y hacía que volviera a casa en un par de horas, se convirtió en otra cosa totalmente distinta.

Hay cosas, que no las pienso nunca. No pienso en lo peor, no pienso en que puede pasar esto o aquello, trato de vivir al día, conviviendo con lo que pasa, sin presión, sin ponerle expectativa, aceptando, pensando positivamente que es lo que puedo cambiar para estar mejor, y viendo que es lo que esta situación vino a enseñarme.

Les quiero contar, que en medio del infierno, tuve la lucidez necesaria, para hablar, para contarle a los médicos lo que tenían que hacer y lo que no, porque si bien no soy médico, conozco mi cuerpo, sabía en ese momento lo que sumaba y lo que no. Insistí, insistí, insistí, en medio del infierno, hasta que mi voz fue más fuerte que sus conocimientos.

Insistí, insistí, insistí, hasta que mi voz, tocó la parte humana de cada uno de los médicos, enfermeros, asistentes, anestesistas y técnicos que me rodeaban, y los hizo replantear lo que estaba pasando.

Yo me conozco, conozco mi cuerpo, sé como reacciona, hace un tiempo que tenemos una relación muy profunda y muy cercana. Finalmente, los médicos me dieron la razón, el estudio debía hacerse de otra forma, y una vez más, haciendo que mi voz se escuchara, lo hicieron en el momento en vez de recordinarme.

Hace unos días estuve en el infierno, un infierno que no había visitado nunca hasta ahora y que espero no tener que visitar nunca más. Pero aún en el mismo infierno, hay ángeles por todas partes: que me acariciaban la cabeza, que me secaban las lágrimas, que me hablaban al oído, que me consolaban, que esperaban en la sala de espera con el corazón en la boca, que se quedaron a mi lado vigilando mi sueño al salir del infierno, que me cuidaron, que pasaron conmigo noche y día...

Quería contarles que hace unos días estuve en el infierno, no para que me compadezcan, ni para que me pregunten "qué te pasó", ni para dar detalles que no vienen al caso, sino todo lo contrario, para que sepan que del mismo infierno se sale, si no bajamos los brazos y seguimos remando, y si alzamos nuestra voz para que nos escuchen, si no perdemos la FE.

Quería contarles, que hace unos días, estuve en el infierno, y  que también gracias haber pasado por allí, apareció un ángel que me liberó del dolor...

Hace unos días estuve en el infierno, y hoy agradezco y valoro más que nunca, estar viva, poder caminar, y casi no tener dolor.

Hace unos días estuve en el infierno...

sábado, 11 de abril de 2015

Ayer y Hoy

Este post, no es para acumular comentarios que digan Arriba guerrera!!!
Este post no está escrito desde un sentimiento negativo.
Este post es un "decir en voz alta", para tal vez sembrar en algunos, las ganas de "revisar" las bendiciones que tenemos todos los días y que no todos los días vemos.

Ojalá no tengamos que llegar al límite, para valorar lo que ya no está.



Esta foto fue tomada hace 4 años.
Yo era inmensamente feliz en ese momento.
No me acostaba ni me despertaba con ningún tipo de dolor en mi cuerpo.
Trabajaba como todo el mundo.
Salía de vacaciones siempre que podía.
Trataba de hacer todo lo que sentía ganas de hacer, caminaba mucho, subía médanos, cerros, andaba en bici, saltaba y hasta corría.
Me aventuraba todo lo que podía.
Siempre estaba dispuesta a sumarme a alguna aventura.
El botiquín de mi casa era casi inexistente.
Prácticamente no hablaba sobre enfermedades.
Visitaba al médico una vez al año, de forma pura y exclusivamente preventiva.
No tenía problemas para tomar o comer lo que me venía en gana.
Me compraba la ropa casi sin probármela, tenía casi el mismo cuerpo que a los 25.
Era apoyo para unas cuantas personas.

Un día todo cambió.

Si bien muchas cosas buenas vinieron a raíz de ese cambio, mucho de ese cambio fue radical y lo noto día a día: Los dolores nunca más se ausentaron, por más que no lo diga;
no tengo uno, sino dos botiquines;
todos los especialistas que visito "me conocen" porque me ven muy a menudo;
en este momento no puedo correr, ni saltar y no me animo a andar en bici;
por más que trato de elegir mis pensamientos, la enfermedad está presente en mi vida cotidiana;
mi vida laboral no solo cambió, sino que además está totalmente condicionada a mi estado físico que aún no he logrado equilibrar;
ya no me visto con lo que me gusta, sino con lo que me queda cómodo, porque hay días que hasta poder ponerme un pantalón es todo un triunfo; bajé de estatura: no porque me haya achicado, sino porque mi columna ya no quiere que use aquellos zapatos con taco con tanto me estilizaban; necesito apoyarme en algunas personas, sobre todo en esas que me entienden y que pueden ver todo esto atrás de la Vivi sonriente que por lo general ven todos los días...
Trabajo en aceptar mi realidad, en seguir soñando, en no perder la Fe y la Esperanza de que las cosas en algún momento volverán a cambiar a mi favor.

Ojalá nunca les toque pasar por una situación límite, y si les toca, les pase como a mí, que en el momento en el que era inmensamente feliz, era capaz de ver y agradecer todas las bendiciones que tenía.

domingo, 15 de marzo de 2015

El reino nuevo

Había una vez un reino, no muy lejano, pero si nuevo para muchas de las personas que hacia allí se dirigían.
Los nuevos "futuros moradores", no venían todos del mismo lugar, sino que iban a confluir en él, llegados de poblados distintos...
Muchos de ellos, iban haciendo su camino con miedo, con nerviosismo, con la inquietud de no saber que pasaría al llegar ahí, cómo interactuarían con el resto de los habitantes...
Serían todos iguales entre sí, o habría alguno parecido a mi, que me siento un poco distinta?
Porque a decir verdad, no me siento muy similar a las chicas de "mi edad"...
La mayor parte de ellas, viven pensando en qué ponerse, o que corte de pelo o peinado usarán, o si asistirán a tal o cual baile... 
Piensan todo el tiempo, en si el príncipe azul vendrá a caballo o lo encontrarán en una fiesta, si serán populares o serán las "raras"...
Si serán las "tragas" o si por el contrario se creerán "rebeldes" por mostrarle al mundo su negativa al estudio, creyendo a través de eso, mostrarse contrarias "al sistema"...
Todas esas cosas acechaban la cabecita de varias chicas en su camino al nuevo reino...
Las madres, que por lo general aconsejan y cuentan "historias de la vida" hasta por demás, trataban de tranquilizarlas, pero como todos sabemos, es muy fácil hablar desde afuera y distinto vivirlo parado en los zapatos del que lo está pasando...
Finalmente, el día llega.
El patio que esperaba a los recién llegados, comenzó a poblarse y en cuestión de minutos, estaba repleto de pares con las mismas expectativas e inquietudes que ellas traían.
La puerta se abre.
Minutos después, cayeron en la cuenta de que esa puerta no solamente era de un reino nuevo, al que tendrían la posibilidad de asistir día tras día, sino que además, también era la puerta de entrada a un mundo de nuevas amistades, nuevos amores, nuevas experiencias, nuevos sueños y nuevos horizontes...
Entre la muchedumbre, y tal como pasa en las películas, y por más que hubiera un montón de personas, ellas se encuentran con sus pares.
Casi inmediatamente, y seguramente debido a su afán por la lectura, se sintieron parte de un mismo grupo, del grupo, ya no tan raro, de las chicas que leen y leen y leen y no paran de leer.
Del grupo que vive mil vidas, que viaja, que siente, que vive las vidas de los personajes de sus libros, además de la suya propia, y por ende es como si vivieran mil vidas en vez de una única.
Casi inmediatamente, se sienten iguales porque la música las transporta a otros mundos, porque no conciben su vida "sin ella", o porque se sugieren escuchar tal o cual banda.
Casi inmediatamente, las atrae su gusto o disgusto por el deporte, y los hermana el sentir que pueden ayudar a otros o que pueden ser ayudados.
Casi inmediatamente, ven que los problemas de su vida, se repiten una y otra y otra vez en las vidas de sus compañeros, porque si bien es cierto que no todos pasan por las mismas situaciones de vida, la vida de ninguno es color de rosa y cada uno tiene que aprender a librar sus propias batallas, y saben que se batalla mejor cuando uno sabe que hay cuarteles de invierno donde poder resguardarse.
Tiempo ha pasado ya desde aquel inquietante día del comienzo.
La confianza reforzada, las creencias equivocadas derrumbadas, la certeza de querer tener un mundo en el que se respete que todos somos diferentes y en el que a la vez  nos aceptamos como iguales, en nuestros derechos y en nuestras obligaciones, han ido modelando adolescentes críticas, maduras, sensibles al dolor ajeno, hermosas por dentro y por fuera.
Aquel reino al que prontamente dejarán de pertenecer, las encontró, las presentó y las unió.
Ese reino, por más que tal vez ahora no logren verlo, permanecerá en sus mejores recuerdos el resto de su vida y tal vez el mejor título que pueda otorgarles sea el de haber vivido una adolescencia feliz.
Yo, que solo veo este cuento desde afuera, que puedo contar mis historias de cuando me tocó caminar hacia reinos nuevos, me siento feliz de verlas avanzar venciendo miedos y creyendo en ustedes mismas, eligiendo compañeros de vida, más que de clase, entendiendo que las personas que quedan por el camino es porque ya no deben acompañarnos más, su ciclo en nuestra vida está cumplido.
Yo agradezco ser parte de esa escenografía viviente, que las acompaña en cada paso, en cada acierto, en cada fracaso, y estar siempre ahí para decirles: ánimo, no sabemos que nos deparará el siguiente reinado!